Dibujé uno de los leones de la fuente (o adorno de piedra o mármol, no lo sé exactamente, ya) que estaba en el patio, hace poco más de quince años, cuando estudiaba en el Museo de Arte de Lima: Historia del Arte, Dibujo, Serigrafía y Fotografía. Lo dibujé porque en esa época los ambientes del museo no solo eran espacio de aprendizaje y acercamiento al pasado, a la belleza y a la técnica del pasado y la actualidad, sino un lugar, prácticamente, como de recogimiento para el artista. Por lo menos así lo sentía yo. Qué importa si se lee ridículo cuando mis musos ya no están y eso es lo que importa hoy. Mis musos que juraría que también fueron de otros. Un día, escapada de una clase o habiendo terminado alguna, fui a sentarme al patio, en donde entraba la luz del sol suave de abril o mayo, como solo entra en Lima cuando le da la gana de aparecer. Fui a sentarme para escribir o para pensar o para sentarme nomás, a no achicharrarme con un sol de otro sitio, sino con el solcete l...
Ciudadanía y Derechos Culturales